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Pisar la alfombra con los zapatos de la calle: ¿sí?, ¿no?, ¿Qué le digo a mis invitados?

Cuando una persona entra a una vivienda tradicional japonesa, ha de descalzarse y dejar los zapatos, botas o sandalias en la entrada. Incluso para los invitados, los anfitriones guardan zapatillas de estar por casa con las que pasar al interior y evitar pisar el suelo o las tatami, las alfombras japonesas de 180 x 90 cm.

Esta costumbre no solo se da en Japón, y no solo en los hogares. En colegios, institutos, restaurantes e incluso en algunas empresas de países orientales, la tradición está muy arraigada. Es una muestra de respeto que se observa en algunos países europeos, y tiene su origen en la higiene.

Si dejamos el calzado fuera, evitaremos llevar la suciedad al interior de la vivienda. En algunos hogares europeos esta tradición está llegando para quedarse pero, ¿puedo pedir a mis invitados que se descalcen?

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Una muestra de respeto con origen en la higiene

Hay muchas costumbres en todo el globo relacionadas con la higiene que han acabado convertidas en rasgos culturales. El lavado de manos, pies y rostro en la cultura musulmana, o el dejar de comer algunos alimentos en según qué época del año en la cristiana, entre ellas. La cultura japonesa no es diferente.

Tanto en las ciudades más densas como en los pueblos más pequeños, la calle es un lugar mucho más sucio que el interior de nuestras casas. Por ejemplo, en el suelo de las viviendas huimos del barro, polvo o humedad, y limpiamos en cuanto estos aparecen no solo por mantener nuestras alfombras limpias, sino por nuestra propia salud.

No es necesario desinfectar constantemente, pero sí existen unos mínimos de higiene que deben llevarse a cabo. Además, siempre es molesto andar por casa y que el parqué acabe arañado o que tengamos que sacudir la alfombra cada vez que vienen invitados.

Si la costumbre está muy extendida en Japón es porque su arquitectura tradicional disponía de suelos bajos, casi a ras de calle. Esto hacía muy fácil ensuciarlos si se pasaba con calzado, a diferencia de las viviendas Colombianas, generalmente bloques de pisos, donde acostumbramos a poner una alfombra en la puerta a la que llamamos alfombrilla en la que sacudir parte de la suciedad.

¿Cómo convencer a tus invitados de que se descalcen y que no pisen la alfombra con zapatos?

 

No es fácil invitar a alguien a nuestro hogar y pedir que se descalce. Este tipo de rasgos se ven todavía como una excentricidad. En Colombia ha existido históricamente el rol de ama de casa, ocupada en la limpieza y la higiene de la misma. Pero a medida que desaparecen nuestros hábitos se adaptan para tratar de ensuciar menos.

Como anfitriones hemos de dar ejemplo, dejando nuestro propio calzado a la puerta de la vivienda, en un lugar visible o en un mueble fácilmente localizable. Por ejemplo, un zapatero que se vea nada más abrir la puerta.

También podemos hacer uso de la arquitectura o decoración japonesa con un genkan, un pequeño salto en la altura de la entrada (generalmente más bajo que el resto de la vivienda).

Otra manera de delimitar los espacios es haciendo uso de alfombras decorativas. Por ejemplo, cruzar una alfombra en el pasillo de entrada marcará una barrera psicológica y un límite visual que los invitados pueden identificar.

Si esta alfombra en la entrada es de pelo o gruesa (abrigada) los invitados tendrán especial cuidado de no pisarla con los pies calzados, especialmente si los zapatos vienen húmedos o con algo de tierra.

Explicarles los motivos por los cuales les pedimos que se descalcen. Todavía hay muchas personas que no comprenden estas tradiciones porque no pertenecen a nuestra cultura. Explicarles sus orígenes puede ayudarnos a no crear situaciones conflictivas.

Sirve de mucho ponerles esta transición cultural fácil, como hacen en Japón, teniendo preparadas varias zapatillas de andar por casa (surippa, o uwabaki, más resistentes para los niños) que los invitados puedan usar. Que las encuentren nada más entrar será toda una declaración de intenciones.

Hay personas que se sienten incómodas y violentas porque piensan que el olor de sus pies incomodará a otras. Ofrecerles otro calzado en estos casos es crucial.

También podemos insistirles a que prueben a descalzarse y a sentir en otro hogar esa sensación maravillosa de quitarse los zapatos y sentir libres los pies. La mayoría de las personas se sienten aliviadas cuando esto ocurre, y se encuentran mucho más cómodas.

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